miércoles, 5 de agosto de 2020

Homilía Angelelli

Homilía con motivo del entierro de los sacerdotes Gabriel y Carlos (Última homilía de Angelelli)

22 de julio de 1976.


Mis queridos hermanos y amigos: vamos a seguir rezando, como lo venimos haciendo desde que desaparecieron nuestros hermanos sacerdotes, pastores de Jesucristo, en este noble y sufrido pueblo de Chamical, elegido y probado, señalado como fiel testigo, testimonio vivo de la muerte de estos dos hermanos. (…)

Antes de proseguir tengo que dar cumplimiento a lo que se me ha pedido, no como una cosa externa; debo comunicar a la diócesis las condolencias que hemos recibido. Una de ellas proviene de parte de todo el episcopado argentino, y me la hace llegar mi hermano, el cardenal Primatesta, presidente de la conferencia episcopal argentina. Todos los obispos hubieran deseado estar presentes, como el mismo nuncio apostólico, representante del Papa en la Argentina. Los obispos no pueden hacerlo en este día, porque la comisión ejecutiva del episcopado tiene una entrevista con el excelentísimo señor presidente de la nación.

El segundo telegrama proviene del señor nuncio apostólico del Santo Padre, monseñor Pío Laghi; y el tercero del arzobispo de Santa Fe, monseñor Vicente Zazpe. La sola lectura de estos mensajes nos habla de la adhesión de toda la Iglesia argentina, del representante del papa y de la comisión ejecutiva, y nos explican por qué no están concelebrando y presidiendo -como lo harían con gusto- esta eucaristía, en la despedida de Carlos y Gabriel.

Esto también tiene que hacernos pensar. No es algo de Chamical, no es algo de La Rioja. Es de la patria, es algo de toda la Iglesia argentina, es de todos. Yo diría: de creyentes y no creyentes. ¡Nos toca a todos! (…)

¡Cómo quisiera decir a los que les quitaron la vida, a los que prepararon el crimen, a los que lo instigaron: abran los ojos, hermanos! Si es que se dicen cristianos, ¡abran los ojos ante el sacrilegio que se ha cometido, ante el crimen que se ha cometido! (…)

Por nuestro corazón, porque llevamos en la raíz la inclinación al pecado, al mal, a veces nos convertimos a lo que es malo como si eso fuese una cosa buena. Y no nos damos cuenta de que el corazón se nos pudre, apesta, hace daño. En cambio, ¡qué estupendo es cuando el corazón humano está lleno de la palabra de Dios, lleno del Señor y de todo lo que él inspira y nosotros acogemos!

Pero los hombres llevamos todo esto en vasos de barro. ¡Miren aquí las pruebas de cómo llevamos este tesoro en vasos de barro! Somos frágiles: ¡también nos pueden quitar la vida por Jesucristo! Y nuestros cuerpos tenemos que guardarlos en una caja y hasta soldarla antes de tiempo, porque se descomponen. Y sin embargo, por pura misericordia de Dios, ellos fueron ministros de Jesucristo, pastores del Chamical. (…)

Estamos doloridos, profundamente doloridos, pero no somos locos. Porque gracias a Dios somos normales, y ¡cómo no vamos a llorar al que es carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, afecto de nuestro afecto, miembro de nuestra familia, hijo del cuerpo de Cristo, parte de su pueblo, testigo de su Iglesia! ¡Cómo no los va a llorar Chamical! (…)

La primicia de la sangre sacerdotal ha sido vertida en esta comunidad y en esta tierra de Los Llanos: véanla con ojos de fe, no la miren con ojos de rencor ni de resentimiento. Doloridos, con lágrimas, sí, pero con ojos de fe. (…)

Este pueblo, como cualquier otro del país, necesita pastores que sigan haciendo lo que Carlos y Gabriel hicieron hasta ahora, y por lo que murieron. Y también para las religiosas es una bendición su muerte. Ellos, hermanas, han entregado la vida, no por tontos, ni por cándidos, sino por la fe, por servir, por amar, para que nosotros entendamos qué es servir, qué es amar, qué es no ser tontos.

No hay ninguna página del evangelio que nos mande ser tontos. Cristo nos enseña a ser humildes como la paloma y astutos como la serpiente; nos manda tomar la cruz de cada día y seguirlo; nos manda que nos gocemos en la persecución; nos manda ser mansos de corazón, y tener alma y corazón de pobres; él nos manda buscar a los más necesitados porque son los privilegiados del Señor, y no rechazar a nadie, porque suya es la respuesta para todos los hombres y para todo hombre, aunque se quiera dudar de esta verdad. “Todo hombre es mi hermano”: esto es el evangelio, aunque se puedan mofar de él. (…)

Hermanos míos, yo los invito a que oremos por los que mataron a Carlos y a Gabriel, sin que nos interesen ni las siglas ni los nombres. Lo repito, no tenemos ni los ojos ni los oídos cerrados; tenemos la inteligencia normal de todo ser humano, o sea, que si hay que saber y podemos conseguir elementos y estar así en condiciones de informar a quien se debe, vamos a hacerlo. Pero también nos preguntamos: ¿hay acaso hermanos nuestros que pueden imaginar o pensar o programar violen­cias, y hay otros que las ejecutan? ¿Y es posible que coincidan? (…)

¡Qué difícil es ser cristiano! Porque al cristiano se le exige perdonar. Si se nos dijera: “No tenemos que perdonar; esto no es cristiano, no es siquiera humano matar sacerdotes”, responderíamos sin vacilar: el cristiano tiene que perdonar a todos. Pero otra cosa es aprobar los errores y otra aún no trabajar para evitar que estas cosas sucedan.

Pero al responsable su conciencia ha de decirle seguramente: «¡Vos lo hiciste!» Y no sé cómo puede dormir y, si está casado, cómo puede darle un beso a su mujer y a sus hijos. No lo entiendo desde la fe, y ni siquiera humanamente, en este y en otros casos… No entiendo como esos hombres pueden tomar a sus semejantes y, diciéndose cristianos, despedazarlos y triturarlos como al trigo para hacer pan, por más que esta vez les haya salido pan bendito. ¿No se acuerdan que Tertuliano dice que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos? Así, los mismos verdugos son instrumentos, en cierta manera, para el bien, para que surja una comunidad fuerte en la fe, en la esperanza y en el amor. (…)

Señor, permite a Gabriel y a Carlos que desde el cielo sacudan los corazones de sus asesinos, para que no sigan haciendo lo que están haciendo. Gabriel y Carlos: como obispo, yo tengo mucho que agradecerles a ambos. ¡Muchas gracias! Amén.

martes, 4 de agosto de 2020

Saludo de los obispos de Quilmes a los sacerdotes en el día del Santo Cura de Ars

CARTA A LOS SACERDOTES: 

DÍA DE SAN JUAN MARÍA VIANNEY


 
Quilmes, 04 de agosto de 2020. 
 
Querido hermano sacerdote:

¡Feliz día!

Como pasa con otros acontecimientos, esta celebración también es muy particular en tiempos de pandemia. El pequeño e imperceptible virus nos ha hecho topar con la fragilidad, la impotencia, la limitación, pero a la vez, ha hecho que en el corazón humano se despierten esas fuerzas, a veces dormidas o poco activadas, como son la humildad, la compasión, la ternura, la generosidad, la paciencia, la solidaridad…

En la liturgia eucarística de este tiempo nos ha acompañado el Evangelio según San Mateo. Las bienaventuranzas y todo el sermón de la montaña, los relatos de los milagros de Jesús, las parábolas del Reino han arrojado una luz sobre estas tinieblas de las dudas, de los temores que la epidemia despierta en todos nosotros. Las muchedumbres que seguían a Jesús, siguen hoy buscándolo para escucharlo, para que los sane, para que los sacie, no sólo con sus palabras, sino también con el pan multiplicado.

Jesús sigue haciéndose presente en el mundo por medio de nuestro ministerio sacerdotal. Quizás sea este tiempo en el que más nos hemos dedicado a la oración de intercesión. Siempre lo hemos hecho, pero en estos largos meses es lo que más pudimos hacer por nuestro pueblo, llenándose nuestro corazón de tantos nombres, rostros, recuerdos de personas que nos acompañan o nos han acompañado. Pero también de tantos que no conocemos. Por este misterio de “ser uno” con Cristo Mediador, los hacemos cercanos en la fe; tantas mujeres y hombres que sufren y mueren solos; madres y padres que pierden a sus hijos; personas que ven irse y sufren la muerte de sus familiares; tantos adultos mayores que sufren la soledad. Nuestra intercesión abarca a todos, sin distinción alguna, para presentarlos en esa patena que cada día elevamos en el altar; los pobres, los olvidados, los descartados, los perseguidos, los que han perdido la fe y la esperanza. También intercedemos por los que sirven y atienden a los demás para aliviar el dolor de la enfermedad y del alma; los profesionales, empleados y voluntarios del servicio sanitario. Todos están presentes en nuestra Eucaristía. Quizás es lo único que podemos hacer en el día. Pero es lo que la Iglesia nos regaló desde el día de nuestra ordenación: rezar por el pueblo de Dios.

Otros pueden salir y acompañar a tantos y tantas que se juegan, hasta arriesgando su salud, en los centros de atención sea en lo alimentario, como en la sanidad y la higiene. Los que van a atender a un enfermo con el consuelo de los sacramentos, o para acercar el corazón y el oído atento a quien lo necesita. Otros se ingenian para animar con la Palabra de Dios la vida de las comunidades y familias por medio de las celebraciones transmitidas a través de los modernos medios de comunicación. Y en estos momentos, tres hermanos nuestros están infectados, ofreciendo su sufrimiento. Los tenemos presentes en nuestras oraciones: al P. Leo Sala, al P. Eduardo Brites y al P. Edgardo Herrera. ¡Que pronto se recuperen!

El año pasado, en una carta similar, recordábamos unas palabras del Beato Obispo Enrique Angelelli. Era el año de la beatificación junto a sus compañeros mártires riojanos. Este año, queremos recordar al P. Orlando Yorio, puesto que el próximo 9 de agosto celebramos los 20 años de su pascua. Unas palabras suyas lo unen a otro gran sacerdote de nuestra Diócesis, el P. Gino Gardenal. Las pronunció en un retiro en el año 1993, al conmemorarse los diez años de la fundación de la Casa Cura Brochero. En la meditación sobre los propios pecados, dijo:

“Cura Brochero es un lugar que tiene que ver con el pecado. Yo he confesado muchísimo allí. Muchas horas de noche he pasado confesando. Es una casa que ha nacido sobre todo para posibilitar retiros a masa de gente. Que haya masa de gente que pueda hacer al menos un retirito de dos días, así como va pudiendo. Así como nos contaba ayer Alejandra: invitada desde la esquina del barrio. Yo he estado en los comienzos de esta casa, tanto para ayudarlo a Gino a conseguirla como en los primeros encuentros de mujeres”
(Leonor Carabelli. “Orlando Yorio: relatos de vida”. Ediciones Didascalia. 2011. Pag. 17)


El Padre Obispo Jorge Novak, en la homilía de la Misa en sufragio del P. Orlando, el 17 de agosto de 2000, dijo:

“Orlando era un hombre de oración. De larga y profunda oración. De ella sacaba las energías necesarias para ser fiel a sus opciones fundamentales. De la oración le brotaban las luces y las fuerzas para orientar a muy numerosas personas en la vida espiritual, en la vivencia eclesial y en el compromiso con toda la comunidad humana. Confiadamente sostenemos que, habiendo participado de los padecimientos de Cristo, ha llegado a la meta, alcanzando el premio del llamado celestial que Dios le hizo en Cristo Jesús (Cfr. Flp. 3, 14)”

“En nuestra Diócesis el Primer Sínodo ha sentido la bendición de la dedicación exclusiva que le pedí para edificación de nuestra Iglesia. Su sabiduría y su caridad colaboraron, en gran medida, en lograr que ese acontecimiento fuera verdaderamente una etapa fundacional de la comunidad.”

Queridos hermanos sacerdotes, con el recuerdo de estos “hermanos mayores” de nuestra familia sacerdotal, sigamos cantando la misericordia de Cristo, que un día nos miró y nos llamó para seguirle.

¡Feliz día del Cura!

Un fraternal abrazo. ¡Dios te bendiga, hermano, y la Virgen santa te cuide!

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Marcelo Julián (Maxi) Margni
Obispo Auxiliar de Quilmes
 

Novedades acerca de sacerdotes de la Diócesis de Quilmes con COVID positivo o síntomas asociados

Los Obispos de Quilmes Carlos José Tissera y Marcelo (Maxi) Margni comparten con toda la diócesis las novedades de los estados de salud de los sacerdotes con Covid positivo o síntomas semejantes, que elaboró el Presbítero Leonardo Sala, Delegado Episcopal para el protocolo de intervención y traslado del presbiterio de la Diócesis Quilmes ante la pandemia de COVID-19, este lunes 03 de agosto:

“El presbítero Eduardo Brites Montovani continúa en una habitación común con buena evaluación general (en el Hospital Austral de Pilar). El equipo médico evalúa el alta para el día de mañana con aislamiento domiciliario.

El presbítero Edgardo Herrera continúa internado en el servicio de Terapia intensiva del Sanatorio San Camilo de la Ciudad de Buenos Aires. En el día de hoy fue confirmado -como se suponía- positivo a COVID-19. Continúa con insuficiencia respiratoria, pero sin requerir -por el momento- asistencia respiratoria mecánica (ARM).
Continúa con igual tratamiento: apoyo de oxígeno, antibioticoterapia y corticoides. En horas de la tarde fue transfundido con plasma de una persona recuperada para reforzar el tratamiento.

El presbítero Leonardo Sala se encuentran en su domicilio parroquial cumpliendo con el aislamiento obligatorio. No presenta síntomas.”

Por intercesión del Siervo de Dios Jorge Novak, los obispos de Quilmes invitan a rezar de manera especial por la salud de estos sacerdotes, y por todos los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas de la diócesis, personas afectadas por el coronavirus, y por todo el personal de la salud.

Se agradece la difusión de esta información.


San Juan Vianey

El Santo Cura de Ars
Párroco Año 1859

Santo Cura de Ars:
Pide a Dios que nos envíe siempre
buenos párrocos como tú.


Uno de los santos más populares en los últimos tiempos ha sido San Juan Vianey, llamado el santo Cura de Ars. En él se ha cumplido lo que dijo San Pablo: "Dios ha escogido lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir a los grandes".

John VianeyEra un campesino de mente rústica, nacido en Dardilly, Francia, el 8 de mayo de 1786. Durante su infancia estalló la Revolución Francesa que persiguió ferozmente a la religión católica. Así que él y su familia, para poder asistir a misa tenían que hacerlo en celebraciones hechas a escondidas, donde los agentes del gobierno no se dieran cuenta, porque había pena de muerte para los que se atrevieran a practicar en público sulreligión. La primera comunión la hizo Juan María a los 13 años, en una celebración nocturna, a escondidas, en un pajar, a donde los campesinos llegaban con bultos de pasto, simulando que iban a alimentar sus ganados, pero el objeto de su viaje era asistir a la Santa Misa que celebraba un sacerdote, con grave peligro de muerte, si los sorprendían las autoridades.

Juan María deseaba ser sacerdote, pero a su padre no le interesaba perder este buen obrero que le cuidaba sus ovejas y le trabajaba en el campo. Además no era fácil conseguir seminarios en esos tiempos tan difíciles. Y como estaban en guerra, Napoléon mandó reclutar todos los muchachos mayores de 17 años y llevarlos al ejército. Y uno de los reclutados fue nuestro biografiado. Se lo llevaron para el cuartel, pero por el camino, por entrar a una iglesia a rezar, se perdió del gurpo. Volvió a presentarse, pero en el viaje se enfermó y lo llevaron una noche al hospital y cuando al día siguiente se repuso ya los demás se habían ido. Las autoridades le ordenaron que se fuera por su cuenta a alcanzar a los otros, pero se encontró con un hombre que le dijo. "Sígame, que yo lo llevaré a donde debe ir". Lo siguió y después de mucho caminar se dio cuenta de que el otro era un desertor que huía del ejército, y que se encontraban totalmente lejos del batallón.

Y al llegar a un pueblo, Juan María se fue a donde el alcalde a contarle su caso. La ley ordenaba pena de muerte a quien desertara del ejército. Pero el alcalde que era muy bondadoso escondió al joven en su casa, y lo puso a dormir en un pajar, y así estuvo trabajando escondido por bastante tiempo, cambiándose de nombre, y escondiéndose muy hondo entre el pasto seco, cada vez que pasaban por allí grupos del ejército. Al fin en 1810, cuando Juan llevaba 14 meses de desertor el emperador Napoleón dio un decreto perdonando la culpa a todos los que se habían fugado del ejército, y Vianey pudo volver otra vez a su hogar.

Trató de ir a estudiar al seminario pero su intelecto era romo y duro, y no lograba aprender nada. Los profesores exclamaban: "Es muy buena persona, pero no sirve para estudiante No se le queda nada". Y lo echaron.

Se fue en peregrinación de muchos días hasta la tumba de San Francisco Regis, viajando de limosna, para pedirle a ese santo su ayuda para poder estudiar. Con la peregrinación no logró volverse más inteligente, pero adquirió valor para no dejarse desanimar por las dificultades.

El Padre Balley había fundado por su cuenta un pequeño seminario y allí recibió a Vianey. Al principio el sacerdote se desanimaba al ver que a este pobre muchacho no se le quedaba nada de lo que él le enseñaba Pero su conducta era tan excelente, y su criterio y su buena voluntad tan admirables que el buen Padre Balley dispuso hacer lo posible y lo imposible por hacerlo llegar al sacerdocio.

Después de prepararlo por tres años, dándole clases todos los días, el Padre Balley lo presentó a exámenes en el seminario. Fracaso total. No fue capaz de responder a las preguntas que esos profesores tan sabios le iban haciendo. Resultado: negativa total a que fuera ordenado de sacerdote.

Su gran benefactor, el Padre Balley, lo siguió instruyendo y lo llevó a donde sacerdotes santos y les pidió que examinaran si este joven estaba preparado para ser un buen sacerdote. Ellos se dieron cuenta de que tenía buen criterio, que sabía resolver problemas de conciencia, y que era seguro en sus apreciaciones en lo moral, y varios de ellos se fueron a recomendarlo al Sr. Obispo. El prelado al oír todas estas cosas les preguntó: ¿El joven Vianey es de buena conducta? - Ellos le repondieron: "Es excelente persona. Es un modelo de comportamiento. Es el seminarista menos sabio, pero el más santo" "Pues si así es - añadió el prelado - que sea ordenado de sacerdote, pues aunque le falte ciencia, con tal de que tenga santidad, Dios suplirá lo demás".

Y así el 12 de agosto de 1815, fue ordenado sacerdote, este joven que parecía tener menos inteligencia de la necesaria para este oficio, y que luego llegó a ser el más famoso párroco de su siglo (4 días después de su ordenación, nació San Juan Bosco). Los primeros tres años los pasó como vicepárroco del Padre Balley, su gran amigo y admirador.

Unos curitas muy sabios habían dicho por burla: "El Sr. Obispo lo ordenó de sacerdote, pero ahora se va a encartar con él, porque ¿a dónde lo va a enviar, que haga un buen papel?".

Y el 9 de febrero de 1818 fue envaido a la parroquia más pobre e infeliz. Se llamaba Ars. Tenía 370 habitantes. A misa los domingos no asistían sino un hombre y algunas mujeres. Su antecesor dejó escrito: "Las gentes de esta parroquia en lo único en que se diferecian de los ancianos, es en que ... están bautizadas". El pueblucho estaba lleno de cantinas y de bailaderos. Allí estará Juan Vianey de párroco durante 41 años, hasta su muerte, y lo transformará todo.

El nuevo Cura Párroco de Ars se propuso un método triple para cambiar a las gentes de su desarrapada parroquia. Rezar mucho. Sacrificarse lo más posible, y hablar fuerte y duro. ¿Qué en Ars casi nadie iba a la Misa? Pues él reemplazaba esa falta de asistencia, dedicando horas y más horas a la oración ante el Santísimo Sacramento en el altar. ¿Qué el pueblo estaba lleno de cantinas y bailaderos? Pues el párroco se dedicó a las más impresionantes penitencias para convertirlos. Durante años solamente se alimentará cada día con unas pocas papas cocinadas. Los lunes cocina una docena y media de papas, que le duran hasta el jueves. Y en ese día hará otro cocinado igual con lo cual se alimentará hasta el domingo. Es verdad que por las noches las cantinas y los bailaderos están repletos de gentes de su parroquia, pero también es verdad que él pasa muchas horas de cada noche rezando por ellos. ¿Y sus sermones? Ah, ahí si que enfoca toda la artillería de sus palabras contra los vicios de sus feligreses, y va demoliendo sin compasión todas las trampas con las que el diablo quiere perderlos.

Cuando el Padre Vianey empieza a volverse famoso muchas gentes se dedican a criticarlo. El Sr. Obispo envía un visitador a que oiga sus sermones, y le diga que cualidades y defectos tiene este predicador. El enviado vuelve trayendo noticias malas y buenas.

El prelado le pregunta: "¿Tienen algún defecto los sermones del Padre Vianey? - Sí, Monseñor: Tiene tres defectos. Primero, son muy largos. Segundo, son muy duros y fuertes. Tercero, siempre habla de los mismos temas: los pecados, los vicios, la muerte, el juicio, el infierno y el cielo". - ¿Y tienen también alguna cualidad estos sermones? - pregunta Monseñor-. "Si, tienen una cualidad, y es que los oyentes se conmueven, se convierten y empiezan una vida más santa de la que llevaban antes".

El Obispo satisfecho y sonriente exclamó: "Por esa última cualidad se le pueden perdonar al Párroco de Ars los otros tres defectos".

Los primeros años de su sacerdocio, duraba tres o más horas leyendo y estudiando, para preparar su sermón del domingo. Luego escribía. Durante otras tres o más horas paseaba por el campo recitándole su sermón a los árboles y al ganado, para tratar de aprenderlo. Después se arrodillaba por horas y horas ante el Santísimo Sacramento en el altar, encomendándo al Señor lo que iba decir al pueblo. Y sucedió muchas veces que al empezar a predicar se le olvidaba todo lo que había preparado, pero lo que le decía al pueblo causaba impresionantes conversiones. Es que se había preparado bien antes de predicar.

Pocos santos han tenido que entablar luchas tan tremendas contra el demonio como San Juan Vianey. El diablo no podía ocultar su canalla rabia al ver cuantas almas le quitaba este curita tan sencillo. Y lo atacaba sin compasión. Lo derribaba de la cama. Y hasta trató de prenderle fuego a su habitación . Lo despertaba con ruidos espantosos. Una vez le gritó: "Faldinegro odiado. Agradézcale a esa que llaman Virgen María, y si no ya me lo habría llevado al abismo".

Un día en una misión en un pueblo, varios sacerdotes jovenes dijeron que eso de las apariciones del demonio eran puros cuentos del Padre Vianey. El párroco los invitó a que fueran a dormir en el dormitorio donde iba a pasar la noche el famoso padrecito. Y cuando empezaron los tremendos ruidos y los espantos diabólicos, salieron todos huyendo en pijama hacia el patio y no se atrevieron a volver a entrar al dormitorio ni a volver a burlarse del santo cura. Pero él lo tomaba con toda calma y con humor y decía: "Con el patas hemos tenido ya tantos encuentros que ahora parecemos dos compinches". Pero no dejaba de quitarle almas y más almas al maldito Satanás.

Cuando concedieron el permiso para que lo ordenaran sacerdote, escribieron: "Que sea sacerdote, pero que no lo pongan a confesar, porque no tiene ciencia para ese oficio". Pues bien: ese fue su oficio durante toda la vida, y lo hizo mejor que los que sí tenían mucha ciencia e inteligencia. Porque en esto lo que vale son las iluminaciones del Espíritu Santo, y no nuestra vana ciencia que nos infla y nos llena de tonto orgullo.

Tenía que pasar 12 horas diarias en el confesionario durante el invierno y 16 durante el verano. Para confesarse con él había que apartar turno con tres días de anticipación. Y en el confesionario conseguía conversiones impresionantes.

Desde 1830 hasta 1845 llegaron 300 personas cada día a Ars, de distintas regiones de Francia a confesarse con el humilde sacerdote Vianey. El último año de su vida los peregrinos que llegaron a Ars fueron 100 mil. Junto a la casa cural había varios hoteles donde se hospedaban los que iban a confesarse.

A las 12 de la noche se levantaba el santo sacerdote. Luego hacía sonar la campana de la torre, abría la iglesia y empezaba a confesar. A esa hora ya la fila de penitentes era de más de una cuadra de larga. Confesaba hombres hasta las seis de la mañana. Poco después de las seis empezaba a rezar los salmos de su devocionario y a prepararse a la Santa Misa. A las siete celebraba el santo oficio. En los últimos años el Obispo logró que a las ocho de la mañana se tomara una taza de leche.

De ocho a once confesaba mujeres. A las 11 daba una clase de catecismo para todas las personas que estuvieran ahí en el templo. Eran palabras muy sencillas que le hacían inmenso bien a los oyentes.

A las doce iba a tomarse un ligerísimo almuerzo. Se bañaba, se afeitaba, y se iba a visitar un instituto para jóvenes pobres que él costeaba con las limosnas que la gente había traido. Por la calle la gente lo rodeaba con gran veneración y le hacían consultas.

De una y media hasta las seis seguía confesando. Sus consejos en la confesión eran muy breves. Pero a muchos les leía los pecados en su pensamiento y les decía los pecados que se les habían quedado sin decir. Era fuerte en combatir la borrachera y otros vicios.

En el confesionario sufría mareos y a ratos le parecía que se iba a congelar de frío en el invierno y en verano sudaba copiosamente. Pero seguía confesando como si nada estuviera sufriendo. Decía: "El confesionario es el ataúd donde me han sepultado estando todavía vivo". Pero ahí era donde conseguía sus grandes triunfos en favor de las almas.

Por la noche leía un rato, y a las ocho se acostaba, para de nuevo levantarse a las doce de la noche y seguir confesando.

Cuando llegó a Ars solamente iba un hombre a misa. Cuando murió solamente había un hombre en Ars que no iba a misa. Se cerraron muchas cantinas y bailaderos.

En Ars todos se sentían santamente orgullosos de tener un párroco tan santo. Cuando él llegó a esa parroquia la gente trabajaba en domingo y cosechaba poco. Logró poco a poco que nadie trabajara en los campos los domingos y las cosechas se volvieron mucho mejores.

Siempre se creía un miserable pecador. Jamás hablaba de sus obras o éxitos obtenidos. A un hombre que lo insultó en la calle le escribió una carta humildísima pidiendole perdón por todo, como si el hubiera sido quién hubiera ofendido al otro. El obispo le envió un distintivo elegante de canónigo y nunca se lo quiso poner. El gobierno nacional le concedió una condecoración y él no se la quiso colocar. Decía con humor: "Es el colmo: el gobierno condecorando a un cobarde que desertó del ejército". Y Dios premió su humildad con admirables milagros.

El 4 de agosto de 1859 pasó a recibir su premio en la eternidad.


lunes, 3 de agosto de 2020

Betania - Paola Scalise

Betania es lugar donde paso la noche…a que pase el mal tiempo y empiece a clarear”

Vos sos Betania! Y todos los que disfrutamos de vos sabemos que tu corazón nos abraza en nuestros dolores, que respeta nuestro tiempo desde el silencio. Quien abre la puerta sin preguntar, dispuesto a consolar “buen samaritano que ofrece ayudar”.

“Un grito que invita a salir hacia afuera” cada vez que nos llamas a la misión, a ponernos en marcha.


Vos haces lugar del encuentro donde estas! Podemos estar “descalzos, seguros de nuestra intimidad”

Mensaje concreto que el Reino esta entre nosotros.

Vos sos mi Betania! Te amo.

Muchas gracias a mi Hermosa Compañera de la Vida
Pao.-

Ordenación Diaconal en Brasil

Ordenación en Brasil. Las mujeres comulgan junto a sus esposos recién ordenados diáconos



El domingo 2 de agosto de 2020, la Diócesis de Ze Doca ordenó a su primera clase de Diáconos Permanentes, un total de 10 padres de familias que han sido preparados por más de 4 años y ahora pertenecen al clero diocesano. Felicitaciones a la Diócesis





Evangelio del lunes 3 de agosto: Mateo 14,22-36.

Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".
"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".
Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret.
Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos,
rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.
PALABRA DEL SEÑOR.

Frente a las tormentas de la vida de cada un@, de la sociedad, de la humanidad, Jesús nos invita a confiarle a Él nuestras expectativas y clamores. Él es el Señor de la Vida y de la Historia hasta el final. Que nos acompañe a llegar hasta la otra orilla de la vida, y en este tiempo especial de pandemia, confiándole la salud de todo el planeta. Que dejemos de maltratarnos y mal tratar la única Casa que tenemos: la Tierra. En el silencio y la quietud, invocamos el Nombre de Jesús.

Abrazo y bendición!