viernes, 18 de noviembre de 2022
Evangelio del viernes 18 de noviembre: Lucas 19,45-48.
Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,
diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.
PALABRA DEL SEÑOR.
El Templo es un negocio, como sucede muchas veces con espacios religiosos. La situación es confusa siempre entre la devoción de l@s creyentes y quienes quieren hacer sus negocios con la fe de la gente. Esta es la perversión que Jesús denuncia. A la casta sacerdotal y a los mercaderes que son socios de alguna manera, para incrementar su riqueza. Se ha pervertido el espacio de lo sagrado donde habita Dios. Si lo aplicamos a la humanidad de hoy, todos los días se profanan miles de templos humanos, avasallando la presencia de Dios en cada un@ de sus hij@s. Se comercia la vida humana de tantas maneras como sea posible hacer dinero. Tenemos que comprometernos con el Evangelio maduramente y tener devoción por la dignidad humana comprometiéndonos de verdad en la liberación de tantas personas hechas mercancía. En el silencio y la quietud, invocamos el Nombre de Jesús.
Abrazo y bendición!
Zatti no es importante
¿Qué pasa después de la canonización?
Hay muchas cosas que se preparan con antelación y dedicación durante meses: un cumpleaños, el acto de egreso de la escuela, el último examen de una carrera. Los sacramentos también tienen mucho de eso. Un bautismo, la primera comunión, el matrimonio… eventos tan significativos, esperados, preparados, y que tienen algo en común: son un punto de partida. Con ellos nada finaliza. Todo continúa, y mucho comienza.
Se puede pensar y disfrutar la canonización de Artémides Zatti también como un punto de partida. No es una celebración donde el momento más alto es el propio evento. El enorme caudal de información al que nos hemos acostumbrado, junto a la fugacidad con que la consumimos, nos juega en contra. No debería ser una noticia que bombardee las redes y los grupos de WhatsApp durante un tiempo, como tantas otras, para luego desaparecer.
Por eso, vale la pena insistir en que la celebración del 9 de octubre es un inicio. Como un despegue. Una oportunidad de reconocer y dar a conocer a esta figura que sólo era familiar para un pequeño número de personas… y que ahora tiene como familia al mundo. No nos juntamos a “idolatrar” a un hombre. En todo caso, es un modelo que la Iglesia pone delante nuestro para mostrarnos una manera concreta de vivir la fe y ayudarnos a que nosotros también nos sumemos en ese camino. Es la posibilidad de reconocer sus rasgos de espiritualidad y cómo Dios actuó en él para servir a los demás. Y ahí sí, con sana admiración, poder decir: “¡Zatti es un ídolo! ¡Cómo me gustaría ser como él!”
Si algo lo caracteriza es que, para Zatti, lo importante no era Zatti. Lo más importante eran los pacientes, los vecinos, el pueblo. El centro de su vida eran los demás. Este y otros elementos de su forma de ser hoy nos suenan hasta “contraculturales”. Zatti no busca el reconocimiento instantáneo. No busca el protagonismo. No apuesta al storytelling. Probablemente, Zatti nunca se hubiera hecho una selfie.
Quedarse con su figura, pero no con su acción, es dejar el mensaje incompleto. Hay un dato que lo ilustra bastante. El hospital San José, al que dedicó cincuenta años de su vida, ya existía cuando él llegó —había sido fundado en 1889—. Y, de alguna forma, continúa existiendo tras su partida: si bien deja de funcionar a comienzos de los cincuenta, la firma de Zatti es una de las muchas que acompaña el acta de fundación del hospital público de Viedma, fechada en 1945; establecimiento que desde hace décadas lleva su nombre. El San José no fue “su” hospital: fue el lugar donde Zatti vivió con plenitud el ser instrumento de Dios al servicio de sus hermanos.
Si Zatti no fue una “superfigura” estelar . Tampoco un gran fundador de obras, ni un emprendedor de grandes empresas. Si nada queda en pie de “su” obra —el hospital San José fue demolido en 1941; las instalaciones de la escuela agrícola San Isidro, segunda ubicación del hospital, terminadas de demoler en 1963—. Entonces, ¿qué nos deja Zatti? ¿Cuál es su novedad?
Quizás, justamente, llevar una vida de santidad común y corriente. Esa vida que dejó testimonio en cada uno de los vecinos de Viedma, que al día de hoy —superando muchos los ochenta años de edad— se acuerdan con nitidez del paso de Zatti por su historia: verlo caminar al frente de una peregrinación; recibir su atención en la enfermería del colegio; esperarlo pasar en su bicicleta para que atienda a un hermanito enfermo; ir a buscarlo con desesperación a la guardia del hospital… o cruzarlo jugando a las bochas en el Círculo de Obreros.
En el Archivo Histórico Salesiano están guardados algunos guardapolvos de Zatti, todos remendados. También un saco, de los pocos que tuvo. Y sus medias, con más zurcido que tela. La herencia de Zatti no está allí, sino en la comunidad de personas a las que dedicó su vida.
La canonización de Zatti no es algo “de una vez y para siempre”. Hay que dedicarle tiempo. Porque tampoco es así aquello a lo que él le dedicó la vida. Si hay algo frágil, a cuidar constantemente, es la salud. Cada día, en un servicio constante, que en el caso de Zatti —y de tantos cuidadores, trabajadores, profesionales— se hace espiritualidad cotidiana.
Quizás el llamado de su espiritualidad es a convencernos de que en lo cotidiano podemos buscar y encontrar el sentido profundo de nuestra vida en el servicio amoroso, sobre todo hacia aquél que más está sufriendo
Pero las cosas no suceden solas. Dos años de pandemia, sus consecuencias, y la agitada realidad que vivimos pueden habernos dejado sin saber bien para dónde ir. Zatti nos da una guía y nos invita a ponernos a trabajar. ¿Quiénes están solos? ¿Dónde hay personas que necesitan una mano? ¿Quiénes son aquellos que más están sufriendo? ¿Qué se necesita? ¿Cómo puedo sumarme? En cada persona, en cada familia, en cada comunidad y obra salesiana, la práctica concreta de la caridad puede ser una novedad para la vida de fe. Y sacando la mirada de nosotros mismos, ver junto a otros un futuro mejor y posible.
jueves, 17 de noviembre de 2022
EN MI DEBILIDAD
En mi miedo,
tu seguridad.
En mi duda,
tu aliento.
En mi egoísmo,
tu amor.
En mi rencor
tu misericordia.
En mi “yo”
tu “nosotros”.
En mi rendición
tu perseverancia.
En mi silencio,
tu voz.
En mi ansiedad,
tu pobreza.
En mi tempestad
tu calma.
En mi abandono
tu insistencia.
En mi dolor,
tu alivio.
En mi debilidad,
tu fuerza.
(José María R. Olaizola, sj)
Evangelio del jueves 17 de noviembre: Lucas 19,41-44.
Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,
diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios".
PALABRA DEL SEÑOR.
Jerusalén no ha recibido la visita de Dios, no ha recibido a Jesús ´Esto amarga y angustia el corazón de Jesús, que lo lleva a llorar presintiendo el porvenir. ¿Cómo reacciono ante las innumerables visitas de Dios en mi vida? ¿Acrecentaré el llanto de Jesús? Viendo el colectivo de la humanidad, recibe la visita de Dios o es el gran olvidado? En el silencio y la quietud, invocamos el Nombre de Jesús.
Abrazo y bendición!
miércoles, 16 de noviembre de 2022
Evangelio del miércoles 16 de noviembre: Lucas 19,11-28.
Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.
El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida.
Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: 'Háganlas producir hasta que yo vuelva'.
Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: 'No queremos que este sea nuestro rey'.
Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más'.
'Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades'.
Llegó el segundo y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más'.
A él también le dijo: 'Tú estarás al frente de cinco ciudades'.
Llegó el otro y le dijo: 'Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.
Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado'.
El le respondió: 'Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigente, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré,
¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses'.
Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más'.
'¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!'.
Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.
En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia".
Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.
PALABRA DEL SEÑOR.
Benedicto XVI (papa 2005-2013)
Encíclica “Caritas in veritate”, § 48.50 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)
«Háganlas producir»
El ambiente natural es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad. […] El creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades —materiales e inmateriales— respetando el equilibrio inherente a la creación misma. Si se desvanece esta visión, se acaba por considerar la naturaleza como un tabú intocable o, al contrario, por abusar de ella. Ambas posturas no son conformes con la visión cristiana de la naturaleza, fruto de la creación de Dios.
La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador (cf. Rm 1,20) y de su amor a la humanidad. Está destinada a encontrar la «plenitud» en Cristo al final de los tiempos (cf. Ef 1,9-10;Col 1,19-20). También ella, por tanto, es una «vocación». La naturaleza está a nuestra disposición no como un «montón de desechos esparcidos al azar», sino como un don del Creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se deben seguir para «guardarla y cultivarla» (cf. Gn 2,15). […]
Es lícito que el hombre gobierne responsablemente la naturaleza para custodiarla, hacerla productiva y cultivarla también con métodos nuevos y tecnologías avanzadas, de modo que pueda acoger y alimentar dignamente a la población que la habita. En nuestra tierra hay lugar para todos: en ella toda la familia humana debe encontrar los recursos necesarios para vivir dignamente […]. Pero debemos considerar un deber muy grave el dejar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultivándola.
Abrazo y bendición!
