lunes, 1 de julio de 2024

Evangelio del lunes 1º de julio: Mateo 8,18-22.


Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla.

Entonces se aproximó un escriba y le dijo: "Maestro, te seguiré adonde vayas".

Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".

Otro de sus discípulos le dijo: "Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre".

Pero Jesús le respondió: "Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos". 

PALABRA DEL SEÑOR. 


Para seguir a Jesús, para ser su discípulo o discípula, nada es negociable, nada. La ambigüedad, la tibieza, el querer tenerlo todo no tiene lugar. No se trata de un Evangelio para vocaciones especiales. Es para todo ser humano, para todo cristiano o cristiana. Todos, todos, todos llamados y enviados. En el silencio y la quietud, invocamos el Nombre de Jesús.


Abrazo y bendición!

Evangelio del domingo 30 de junio: Marcos 5,21-43.



Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.

Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,

rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva".

Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.

Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.

Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,

porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".

Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".

Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".

Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.

Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".

Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas".

Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,

fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.

Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme".

Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.

La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate".

En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,

y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer. 

PALABRA DEL SEÑOR.


José Antonio Pagola  


UN ESPACIO SIN DOMINACIÓN MASCULINA


Una mujer avergonzada y temerosa se acerca a Jesús secretamente, con la confianza de quedar curada de una enfermedad que la humilla desde hace tiempo. Arruinada por los médicos, sola y sin futuro, viene a Jesús con una fe grande. Solo busca una vida más digna y más sana.

En el trasfondo del relato se adivina un grave problema. La mujer sufre pérdidas de sangre: una enfermedad que la obliga a vivir en un estado de impureza ritual y discriminación. Las leyes religiosas le obligan a evitar el contacto con Jesús y, sin embargo, es precisamente ese contacto el que la podría curar.

La curación se produce cuando aquella mujer, educada en unas categorías religiosas que la condenan a la discriminación, logra liberarse de la ley para confiar en Jesús. En aquel profeta, enviado de Dios, hay una fuerza capaz de salvarla. Ella «notó que su cuerpo estaba curado»; Jesús «notó la fuerza salvadora que había salido de él».

Este episodio, aparentemente insignificante, es un exponente más de lo que se recoge de manera constante en las fuentes evangélicas: la actuación salvadora de Jesús, comprometida siempre en liberar a la mujer de la exclusión social, de la opresión del varón en la familia patriarcal. y de la dominación religiosa dentro del pueblo de Dios.

Sería anacrónico presentar a Jesús como una feminista de nuestros días, comprometida en la lucha por la igualdad de derechos entre mujer y varón. Su mensaje es más radical: la superioridad del varón y la sumisión de la mujer no vienen de Dios. Por eso entre sus seguidores han de desaparecer. Jesús concibe su movimiento como un espacio sin dominación masculina.

La relación entre varones y mujeres sigue enferma, incluso dentro de la Iglesia. Las mujeres no pueden notar con transparencia «la fuerza salvadora» que sale de Jesús. Es uno de nuestros grandes pecados. El camino de la curación es claro: suprimir las leyes, costumbres, estructuras y prácticas que generan discriminación de la mujer, para hacer de la Iglesia un espacio sin dominación masculina.


13 Tiempo ordinario – B


José Antonio Pagola.


Abrazo y bendición!

Evangelio del sábado 29 de junio: Mateo 16,13-19.(SAN PEDRO Y SAN PABLO)

 


Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".

Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".

"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.

Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". 

PALABRA DEL SEÑOR.


San Elredo de Rieval (1110-1167)

monje cisterciense

Sermón 16 para la fiesta de los Santos Pedro y Pablo; PL 195, 298-302


«Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»


Todos los apóstoles son columnas de la tierra (Sl 74,4), pero en primer lugar están los dos cuya fiesta celebramos. Son las dos columnas que sostienen a la Iglesia por su enseñanza, su oración y el ejemplo de su constancia. Es el mismo Señor quien ha puesto estas columnas como fundamento. Primeramente eran débiles y no eran capaces, ni ellos ni los otros, de sostenerse. Y aparece aquí el gran designio del Señor: si siempre hubieran sido fuertes, se hubiera podido pensar que su fuerza procedía de ellos mismos. También el Señor, antes de consolidarlos quiso mostrar hasta dónde eran capaces para que todos sepan que su fuerza viene de Dios. Es el Señor quien ha fundado estas dos columnas de la tierra, es decir, de la Santa Iglesia. Por eso debemos alabar con todo el corazón a nuestros santos padres que han soportado tantos sufrimientos por el Señor y han perseverado con tanta fuerza. Es fácil perseverar en el gozo, en la prosperidad y la paciencia. Pero es más grande ser lapidado, flagelado, azotado por Cristo, y en todo ello, perseverar con Cristo (2C 11,25). Es grande ser maldecido con Pablo y bendecir..., ser como el desecho del mundo y gloriarse de ello (1C 4,12-13)... ¿Y qué decir de Pedro? Aunque nada hubiera sufrido por Cristo sería suficiente festejarlo hoy por haber sido crucificado por él. La cruz ha sido su camino. 


San Elredo de Rieval (1110-1167)

monje cisterciense

Sermón 16 para la fiesta de los Santos Pedro y Pablo; PL 195, 298-302


«Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»


Todos los apóstoles son columnas de la tierra (Sl 74,4), pero en primer lugar están los dos cuya fiesta celebramos. Son las dos columnas que sostienen a la Iglesia por su enseñanza, su oración y el ejemplo de su constancia. Es el mismo Señor quien ha puesto estas columnas como fundamento. Primeramente eran débiles y no eran capaces, ni ellos ni los otros, de sostenerse. Y aparece aquí el gran designio del Señor: si siempre hubieran sido fuertes, se hubiera podido pensar que su fuerza procedía de ellos mismos. También el Señor, antes de consolidarlos quiso mostrar hasta dónde eran capaces para que todos sepan que su fuerza viene de Dios. Es el Señor quien ha fundado estas dos columnas de la tierra, es decir, de la Santa Iglesia. Por eso debemos alabar con todo el corazón a nuestros santos padres que han soportado tantos sufrimientos por el Señor y han perseverado con tanta fuerza. Es fácil perseverar en el gozo, en la prosperidad y la paciencia. Pero es más grande ser lapidado, flagelado, azotado por Cristo, y en todo ello, perseverar con Cristo (2C 11,25). Es grande ser maldecido con Pablo y bendecir..., ser como el desecho del mundo y gloriarse de ello (1C 4,12-13)... ¿Y qué decir de Pedro? Aunque nada hubiera sufrido por Cristo sería suficiente festejarlo hoy por haber sido crucificado por él. La cruz ha sido su camino.


Abrazo y bendición!

viernes, 28 de junio de 2024

¿Sabías que un hombre casado puede ser miembro del clero católico? 9 datos sobre los diáconos permanentes

 El diaconado permanente fue rescatado por el Concilio Vaticano II de la Tradición de la Iglesia pues, aunque estuvo vigente durante siglos, cayó en desuso en la Edad Media como ministerio permanente subsistiendo como estatus de transición hacia el presbiterado, tal y como recuerda el documento El Diaconado: Evolución y perspectivas, elaborado por la Comisión Teológica Internacional en 2002.

El Concilio Vaticano II fue el evento eclesial más importante del siglo XX. Lo impulsó el Papa San Juan XXIII para buscar el aggiornamento, es decir la actualización de la Iglesia para acercarla al mundo actual. Comenzó en 1962 y concluyó durante el pontificado del Papa San Pablo VI en 1965.

Según la última Memoria de Actividades de la Conferencia Episcopal Española (CEE), la Iglesia que peregrina en España cuenta con cerca de 600 diáconos permanentes, esto es, varones casados que han accedido al tercer grado del sacramento del Orden. 

A continuación, damos respuesta a 9 preguntas sobre este ministerio que cada día está más presente.


1. ¿Qué dice el Nuevo Testamento de los diáconos? 

En el capítulo sexto del libro de los Hechos de los Apóstoles se describe la institución del diaconado cuando se decide escoger a siete “hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría” para el servicio de la comunidad, para que los Apóstoles pudieran dedicarse a la evangelización. Los siete (Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás) fueron presentados a los Apóstoles que les impusieron las manos..

En la primera carta a Timoteo, San Pablo expone que los diáconos han de ser “respetables, sin doble lenguaje, no aficionados al mucho vino ni dados a negocios sucios; que guarden el misterio de la fe con la conciencia pura. Tienen que ser probados primero y, cuando se vea que son intachables, que ejerzan el ministerio”.

A esto, añade: “Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas. Porque quienes ejercen bien el ministerio logran buena reputación y mucha confianza en lo referente a la fe que se funda en Cristo Jesús”.


2.- ¿Quién puede ser diácono permanente? 

Los candidatos al diaconado permanente han de ser varones casados, mayores de 35 años, con al menos 5 años de matrimonio, que les preceda fama de ejemplaridad en su vida matrimonial y familiar y, sobre todo, que tengan espíritu de servicio. No en vano, la etimología de diácono, tanto en griego como en latín, muestra que su significado es el de “servidor”.

Asimismo, debe contar con una situación laboral y familiar estable, ya que se ha de sostener por sus propios medios, fruto de su trabajo. Por último, es importante que tanto su esposa como sus hijos participen de ese servicio de espíritu de servicio. 


3. ¿Qué actividad pastoral desempeña un diácono permanente?

El sacerdote Juan Carlos Vera, presidente de la Comisión del diaconado permanente de la Archidiócesis de Madrid, explica a ACI Prensa que las tres ocupaciones que desempeñan estos varones en la Iglesia son “la diaconía de la palabra, esto es, la evangelización; la diaconía de la liturgia, que implica la santificación a través de los sacramentos que puede presidir y la diaconía de la caridad, que es la más específica”. 

Más allá de esto, el P. Vera añade que el diácono “representa sacramentalmente a Cristo siervo en medio de la comunidad y es más la sacramentalidad que la funcionalidad”. 


4. ¿Cómo se compatibiliza la vocación al matrimonio y al diaconado permanente? 

El P. Juan Carlos Vera señala que, al tener un sacramento del matrimonio, el diácono permanente tiene ahí “una primera fidelidad, una primera dedicación a su mujer y a sus hijos que no debe verse en peligro por su dedicación ministerial”. 

De hecho, añade, “la obediencia que promete al obispo no va en contra del matrimonio”. 


5. ¿Cómo es el proceso de formación del diácono permanente y su familia? 

La formación del diácono permanente suele durar unos cinco años, dependiendo de las circunstancias, e involucra en buena medida a la esposa y a los hijos ya desde la primera etapa propedéutica o de discernimiento vocacional. 

El P. Vera expone que “lo que se verifica a lo largo del proceso formativo es que por parte de la esposa y de los hijos, no sólo hay un consentimiento respecto a la vocación diaconal, sino que, de algún modo, hay un apoyo, una sintonía”. Dicho de otra manera, la familia del candidato debe tener un “estilo diaconal” en el que se comparte la vocación de servicio. 

Esto es importante porque la segunda etapa formativa, exige un sacrificio conjunto, pues el candidato ha de estudiar durante tres años Ciencias Religiosas sin abandonar sus obligaciones familiares y laborales. “Todo el proceso de discernimiento va verificando que la familia es capaz de acompañar y sobrellevar ese sacrificio. Y, es más, vivirlo como una bendición”, añade el sacerdote. 

A la formación académica, se suma otra específicamente diaconal que se realiza cada dos o tres sábados y que consta de dos partes: una teórica y teológica “sobre la identidad del diácono” en torno a su triple función (palabra, liturgia, caridad) y otra más testimonial o experiencial, en la que un diácono permanente comparte su visión sobre cómo vive alguno de estos aspectos de la vocación.

A esta formación sabatina están invitadas las mujeres de los diáconos, que también participan de los ejercicios espirituales enfocados al diaconado. 

Los aspirantes también cuentan con “grupos tutoriales” dirigidos por un diácono permanente y su esposa y del que forman parte cuatro o cinco aspirantes con sus esposas.


6. ¿Qué papel desempeñan las esposas de los diáconos? 

El hecho de que acompañen el itinerario de formación tiene por objetivo que puedan discernir también “la vocación de su marido y ver que no es una ocurrencia, sino que hay una llamada de Dios”.

En este sentido, el P. Vera subraya que aunque no hay duda de que la vocación al diaconado permanente “es al varón”, la esposa “acompaña como la Virgen a los apóstoles y, en cierto modo, a Cristo”, pero “sin asumir un protagonismo que no le corresponde”, puesto que “ella no es diaconisa”. 


7. ¿Los diáconos permanentes forman parte del clero? 

El diácono “forma parte del clero, porque ha recibido el sacramento del orden, pero no el sacerdocio, sino el ministerio”, apunta el presidente de la Comisión del diaconado permanente de la Archidiócesis de Madrid. 

Es decir, “participa del ministerio apostólico del obispo, de un modo específico, sobre todo en el servicio, recordándonos a todos y también a los sacerdotes y a los obispos que nunca dejamos de ser siervos”.

A este respecto, el P. Vera refiere que durante el Concilio Vaticano II, San Pablo VI quiso entronizar el Evangelio y alguien le recordó que esa es labor del diácono, a lo que respondió: “Nunca dejamos de ser diáconos”, del mismo modo que “nunca dejamos de ser bautizados, añade el presbítero madrileño.



8. ¿Cuál es la importancia creciente de los diáconos permanentes en las diócesis?

La Archidiócesis de Madrid ordenará tres nuevos diáconos permanentes en 2024, alcanzando la cifra de 50. Y alrededor de una veintena están en el proceso de formación. El P. Juan Carlos Vera no da importancia a estos datos, pero sí subraya que “es una realidad que va creciendo humildemente”.

Y ese desarrollo paulatino responde, asevera, al querer de los obispos, que no han sido partidarios de “hacer una campaña masiva”, sino que han apostado “por un crecimiento lento, gradual, en el que los diáconos se vayan integrando vayan siendo reconocidos por el presbiterio”.

Porque no es menos cierto que “no es una realidad que se tenga muy presente”  e incluso en ocasiones sucede que el mismo obispo “saluda a todo el mundo menos a los diáconos”. En esas ocasiones, el P. Vera les recuerda que esta circunstancia les hace bien para recordar que su labor es “un servicio humilde en la Iglesia”.

En todo caso, añade, esta realidad “se va situando progresivamente y de un modo muy natural”. 

9. Su creciente presencia ¿puede ser una amenaza para el celibato sacerdotal? 

Frente a quienes piensan que la paulatina presencia del diaconado permanente puede ser una palanca para caminar hacia el fin del celibato sacerdotal, el P. Vera recuerda que “de todo podemos hacer un  buen uso y un mal uso y, como dice el adagio, la corrupción de lo mejor es lo peor”. 

Sin embargo, se muestra convencido de que “los diáconos nos pueden ayudar a resituarnos en nuestra identidad propiamente sacerdotal y a dedicarnos a lo que es más específicamente nuestro”, porque en ciertos casos “los sacerdotes hemos asumido tareas diaconales y hemos debilitado nuestras tareas sacerdotales, precisamente porque no hemos tenido diáconos permanentes”.

Perú: Obispos de la triple frontera se ponen en la piel del migrante

Tras el IX Encuentro de Obispos de la Triple Frontera entre Bolivia, Chile y Perú, los prelados advierten que la situación se presenta cada vez más desafiante.


"Es sumamente importante involucrar a toda la Iglesia en un proceso de conciencia de la migración forzada, metiéndose en la piel del migrante y refugiado", se lee en el mensaje final del IX Encuentro de Obispos de la Triple Frontera, que tuvo lugar en la ciudad peruana de Tacna y de la que participaron decenas de agentes de pastoral ?laicos, laicas, religiosas, religiosos, sacerdotes? junto a los obispos de frontera de Bolivia, Chile y Perú.

"Agradezco a mis hermanos obispos y agentes de pastoral que se preocupan por los migrantes. Los aliento a que no dejen de descubrir y enjugar en cada uno de ellos el rostro sufriente de Cristo sufriente, cada vez que se ven forzados a abandonar su tierra al no encontrar otra salida, enfrentándose a múltiples riesgos y tribulaciones de un camino duro y no siempre completado. Gracias por comprometerse con ellos en su lucha por una sociedad que les haga justicia y los respete su dignidad", fue el mensaje enviado por el Papa Francisco y leído durante la clausura del encuentro.

En la misiva dirigida al obispo de Tacna, el Santo Padre también dirige su pensamiento a todos los migrantes animándolos a "no perder nunca la esperanza por un porvenir mejor, y a poner su confianza en el Dios de la misericordia que no es indiferente ante el sufrimiento de sus hijos, antes bien, muestra siempre su preocupación, su cercanía y una profunda ternura".

"Dios camina con su pueblo"
El IX Encuentro de Triple Frontera tuvo como tema "Y, ¿Quién es mi prójimo?, un interrogativo que, como explican los obispos en su declaración final, el Papa Francisco responde en su mensaje para la Jornada Mundial del migrante y refugiado 2024, "Dios camina con su Pueblo" al alentar a ver en los migrantes "el rostro de Cristo sufriente, cada vez que se ven forzados a abandonar su tierra por motivos económicos y socio políticos".

En el contexto actual de la triple frontera, analizan los obispos, considerando el largo proceso de años de migración forzada, "somos testigos del desaliento de tantas personas, de grupos que regresan sin perspectivas, de mujeres solas con niños, de familias en gran precariedad". 

La declaración, sin embargo, subraya que, a pesar de la colaboración efectiva entre las diócesis y los poderes públicos, la situación se presenta cada vez más desafiante: "urbanización precaria y la 'toma' de terrenos, la irregularidad y la criminalización de los migrantes y refugiados, el mercado irregular de 'falsos tramitadores', entre otros".


"En sintonía con el Papa Francisco que nos llama a caminar en espíritu de sinodalidad y comunión, buscamos estar a la escucha de los clamores de los migrantes que transitan por nuestros territorios", se lee en el mensaje de los obispos.

Los prelados reafirman su compromiso, asumido desde hace 20 años, y al esfuerzo que sigue siendo emprendido por los agentes pastorales, como 'buenos samaritanos', en su labor en el complejo campo de la movilidad humana. 

Tras agradecer a Dios por la dedicación de colaboradores y voluntarios que actúan en tantas iniciativas para el bien de las personas migrantes y refugiados, el mensaje destaca que "nuestro horizonte es generar la cultura del encuentro en 'las casas de acogida y centros de atención en las tres fronteras', y 'es sumamente importante involucrar a toda la Iglesia en un proceso de conciencia de la migración forzada, metiéndose en la piel del migrante y refugiado".

Del IX Encuentro de Triple Frontera fueron invitados especiales, monseñor Lizardo Estrada Herrera OSA, secretario general del CELAM y auxiliar Cuzco y a monseñor Jaime Villarroel, presidente de la Comisión Episcopal de Movilidad Humana (Venezuela).

Los obispos de frontera que participaron en el encuentro fueron: Marco Antonio Cortez Lara, obispo de Tacna y Montegua; Ignacio Ducasse Medina, arzobispo de Antofagasta (Chile); Moisés Atisha Contreras, obispo de San Marcos de Arica (Chile); Tomás Carrasco Cortez, obispo de Calama (Chile); Cristóbal Bialasik SVD, obispo de Oruro (Bolivia); Juan Carlos Asqui Pilco, obispo auxiliar de Tacna y Monquegua y administrador apostólico de la prelatura de Chuquibamba (Perú) y Jorge Carrión Pavlich, obispo de Puno (Perú).+

Cambia la Iglesia Católica para siempre: el Papa Francisco se pronunció sobre el matrimonio y desafió a todas las religiones

El pontífice máximo recordó que "en la cima de los derechos está el de la libertad de conciencia y religión".


El papa Francisco pidió este miércoles que los matrimonios entre personas de dos confesiones distintas no sean "una oportunidad para convertir al cónyuge a la propia religión", al recibir este miércoles a la comunidad musulmana de Bolonia (centro de Italia).

En su discurso, el papa recordó que "en la cima de estos derechos está el de la libertad de conciencia y religión, que significa que todo ser humano debe ser plenamente libre en lo que respecta a sus opciones religiosas".

Y agregó que "todo creyente debe sentirse libre de proponer, pero nunca imponer, su propia religión a otras personas, creyentes o no".


"Esto excluye cualquier forma de proselitismo, entendido como ejercer presiones o amenazas; debe rechazar cualquier tipo de favor económico o laboral; no debe aprovecharse de la ignorancia de la gente", agregó.

Asimismo, subrayó "que el matrimonio entre personas de distintas religiones no debe ser una oportunidad para convertir al cónyuge a la propia religión".

A los musulmanes les indicó que "en este momento de la historia, necesita creyentes coherentes y firmemente comprometidos en la construcción y el mantenimiento de la paz social y mundial".
Y les deseó que tengan buenas relaciones con "la Iglesia católica de la ciudad y una relación de respeto recíproco y amistad".

Evangelio del viernes 28 de junio: Mateo 8,1-4.


Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud.

Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme".

Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra.

Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio".

PALABRA DEL SEÑOR.


San Juan Crisóstomo (c. 345-407)

presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Homilías sobre san Mateo, nº 25,1-3

«Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: -Quiero, queda limpio-»

     Jesús no le dice sencillamente: «Quiero, queda sano». Sino que hizo más «extendió la mano y lo tocó». Esto es lo que merece atención. Si le curó por un acto de su voluntad y con una palabra, ¿por qué le tocó con la mano? Me parece que sólo por una razón: para demostrar que él no es inferior sino superior a la ley, y que, en adelante, no hay nada impuro para el que es puro... La mano de Jesús no se volvió impura al tocar al leproso; por el contrario, el cuerpo del leproso se purificó a través de la santidad de esta mano que le tocó. Porque Cristo no sólo ha venido a curar los cuerpos, sino a elevar las almas a la santidad; de esta manera nos enseña a cuidar nuestra alma, a purificarla, i despreocuparnos de las abluciones exteriores. La única lepra a la que hay que temer es la del alma, es decir, el pecado...

     En cuanto a nosotros, demos continuamente gracias a Dios. Agradezcámosle no sólo los bienes que nos ha dado sino también los que concede a los demás: de esta manera podremos destruir la envidia, cultivar y aumentar nuestro amor al prójimo...


Abrazo y bendición!